Dicen que los polos opuestos se atraen. La alegría y el carisma de Liliana conquistaron la personalidad tranquila e introvertida de Andrés. Les contamos cómo gracias al equilibrio entre ambos, su buena comunicación y su amistad, llegaron al altar. Pammy Prado Fotografía no perdió detalle de la celebración que podemos disfrutar a través de sus imágenes.

Su primer contacto fue vía telefónica y por fotografía, ya que, a pesar de que trabajaban en la misma empresa, Andrés estaba destinado a una oficina foránea. Finalmente, en septiembre de 2010 se vieron en vivo y a todo color y, después de unos meses de salir como amigos, Andrés le pidió a Liliana que fuera su novia.

Una pedida con sazón francés

Liliana tenía muchas ganas de conocer un restaurante francés que había visto en un reportaje, así que Andrés preparó todo para sorprenderla. Era un lugar pequeño, romántico y muy acogedor, perfecto para el gran momento.

Al terminar de cenar comenzaron a hablar sobre su noviazgo de cinco años y de un futuro juntos. Andrés, con la caja entre sus manos, le expresó el amor que sentía por ella y que era la persona con quien quería estar el resto de su vida.

De pronto, Andrés tomó las manos de Liliana entre las suyas y le preguntó: “¿Estás segura de que quieres compartir tu vida conmigo?” y ella respondió con un gran “Sí”. Andrés colocó el anillo de compromiso en el dedo tembloroso de Liliana y se fundieron en un abrazo.

Estilismos clásicos

El sueño de Liliana siempre fue llegar al altar con un vestido de novia corte princesa; sin embargo, 15 días antes de la boda ¡aún no lo había encontrado! De hecho, estuvo a punto de elegir un vestido de corte sirena porque era del que había más modelos.

Al final, todo cambió en la última tiendan que visitó. Al entrar, se enamoró del vestido colocado en un maniquí. Como se pasaba de su presupuesto, intentó probarse algunos otros, pero sabía que se debía llevar el primero porque, si no lo hacía, se arrepentiría después.

Completó su estilismo con un peinado recogido con un brillante tocado y unos cómodos tenis que le regaló su hermana. Un accesorio muy especial fue la pulsera que su difunto padre le regaló el día que se graduó y usarla le ayudó a sentir que estaba con ella.  

Por su lado, Andrés lucía muy jovial con su traje de corte clásico de tono beige con una camisa rosa. La corbata y su boutonniere le imprimían un toque de color en tonos morados que combinaba muy bien con su outfit.

Una boda de día en la mejor locación

La ceremonia y la recepción fueron en el Jardín los Faroles Tlayacapan, una hermosa locación con una vista fenomenal del cerro del Tepozteco. Fue una boda muy íntima, sin mucha decoración floral porque el jardín por sí mismo ya era un gran escenario.

Según recuerdan los hoy esposos, uno de los momentos más emotivos fue la ceremonia religiosa. El acompañamiento musical, la belleza del paisaje, así como la alegría y el amor que se respiraban en el ambiente removieron las fibras más sensibles de los invitados que no pudieron contener las lágrimas.

Para la recepción, estaba lista una carpa dispuesta para proteger a los invitados del sol. Las tonalidades rosas y moradas eran las protagonistas de la decoración. De las mesas resaltaban sencillos y coloridos arreglos florales. El menú fue de cuatro tiempos: de entrante, unas crepas de rajas con pollo, para seguir con un spaghetti a la boloñesa, seguido de un lomo al vino tinto y una deliciosa rebanada de pastel de boda.

La animación de la boda con máscaras de luchadores y una música que invitaba a no abandonar ni un momento la pista de baile consiguieron que los invitados y los novios disfrutaran al máximo. No hay duda de que se vivió un gran ambiente.

Seis meses para organizar

Andrés y Liliana realizaron todos los preparativos para su boda íntima con tan solo seis meses de anticipación. Decidieron administrar bien su presupuesto, sin hacer gastos excesivos, para aprovechar sus ahorros en la luna de miel. Para ellos el resultado de su celebración es el reflejo de hacer las cosas con amor y entusiasmo. Los invitados estaban encantados, nadie quería irse de la fiesta.

Inmediatamente después de la boda, emprendieron un viaje a Europa, donde disfrutaron de su luna de miel visitando cuatro ciudades: Berlín, Praga, Brujas y Madrid. Estos destinos les provocaban una gran ilusión y serían el principio de muchas aventuras que les esperan juntos. ¡Enhorabuena!