En el amor no existen coincidencias, todo pasa por algo y, al recordar su primer encuentro, Angie y Jerson estuvieron seguros de que el destino los unió. Se conocieron en octubre de 2009 mientras estudiaban en la universidad. Los cupidos fueron un par de amigos de ambos, quienes idearon un plan y empataron todo para que tuvieran su primera cita sin que ellos sospecharan.

Aunque entonces los dos tenían pareja, la química surgió desde el primer instante, como si se hubieran conocido desde siempre. Angie recuerda emocionada el día en que Jerson corrió bajó la lluvia para pedirle su número de teléfono y desde entonces no han cesado las pláticas. Este fue el inicio del gran amor que hoy los une.

Una propuesta idílica

Después de cinco años de relación, Jerson planeó una escapada romántica a uno de los lugares favoritos de Angie, unas cabañas en Amealco, Querétaro. En un ambiente acogedor, en medio de la naturaleza, disfrutaron de un fin de semana relajante, que inició con un ritual energético que los llenó de fuerza positiva y con el cual buscaban atraer salud y prosperidad. A este tratamiento siguió una sesión de temazcal para purificar cuerpo y mente.

Frente al calor de la chimenea, dieron el siguiente paso y sellaron su promesa de amor con la entrega del anillo de compromiso, sorpresa inesperada para Angie, que jamás imaginó lo que sucedería en aquel mágico lugar.

¡Llegó el día tan esperado!

Angie y Jerson son originarios de San Luis Potosí, pero decidieron que querían como paisaje para su boda las hermosas playas de Punta de Mita. La locación que eligieron para la recepción fue el hotel Grand Palladium Vallarta, en la Riviera Nayarit.

El día comenzó con nervios, que no pueden faltar antes de dar el gran paso. Sin embargo, muy decididos, se arreglaron con mucho esmero. La novia portó un vestido de novia de corte recto, sencillo y muy favorecedor, con detalles en encaje y flecos en la espalda. Llevó un peinado recogido con una corona de flores naturales en tonos violetas y lilas y un velo largo aderezado con flores en la misma combinación de colores que, con un toque sutil, resaltó la belleza de la novia. Su maquillaje sobrio de día destacó sus facciones y completó el cuadro para lucir espectacular. El toque original fueron las sandalias de pies descalzos con encaje que vistió Angie.

Jerson portó un traje gris claro de pantalón y chaleco. Prescindió de llevar saco y le puso su acento personal con un moño de coloridos cuadros y un boutonniere de flores y ramas que imprimieron un carácter vintage al conjunto. Los nervios se terminaron cuando se encontraron frente a frente: la sonrisa se dibujó en sus rostros y no se borró durante todo el día.

Clima ideal frente al mar

La ceremonia civil fue muy emotiva. La mamá de Angie la acompañó hasta el altar, donde Jerson la esperaba ante un arco de vaporosas telas donde después se darían el “sí, acepto”. En un papelito, el novio tenía bien anotados sus votos matrimoniales para evitar que la memoria o la agitación del momento lo traicionaran. El sol, la arena, el mar de fondo y la atenta mirada de sus seres queridos fueron los testigos de estos sinceros sentimientos. Una mezcla perfecta para crear un impresionante entorno.

No podía faltar la sesión de fotos en la playa, en contacto directo con la naturaleza, que les aseguraría divertidas tomas con los best men y las damas, quienes lucieron vestidos lisos en color lila. Según relata Angie, tanto la colaboración de sus damas de honor como de la mamá y la hermana fueron cruciales para que su boda fuera maravillosa, pues participaron activamente y asistieron a Angie a cada minuto.

Tanto invitados como los ahora esposos disfrutaron al máximo la recepción. Atrás dejaron los formalismos y la perfección para soltarse y ser ellos mismos, lo cual se reflejó en el ánimo de todos los asistentes, que bailaron y rieron hasta que se ocultó el sol.

“El momento” de la noche fue cuando se reinventó el tradicional acto fúnebre (“el muertito”) y Jerson acabó todo mojado. A sus amigos no les bastó con cargarlo y aventarlo al aire, sino que también arrojaron al novio a la alberca, de donde tuvo que salir nadando. Fue un instante muy gracioso e inesperado que quedará grabado en la memoria de todos, sobre todo para los invitados que los acompañaron desde el extranjero y para quienes todo fue una experiencia nueva.

El principio de un exitoso matrimonio

Debido a las múltiples ocupaciones de ambos, tanto académicas como profesionales, la luna de miel tuvo que esperar un poco, pues ambos tuvieron que regresar rápidamente a Estados Unidos, lugar donde radican, para retomar sus actividades. Sin embargo, el Caribe los espera para disfrutar en Punta Cana de unos días de relajación en pareja con la alegría que los caracteriza.

Es evidente que ambos son los mejores amigos y no hay instante en que se aburran juntos. Durante todo el día de su boda no pararon de sonreír y de disfrutar con sus amigos y familiares. Angie considera que son el ying y el yang, pues se complementan a la perfección. De su vida en pareja, destacan que tienen una excelente comunicación. Sin duda, no necesitan más para vivir felices para siempre.