Un hermoso diciembre y llevando un noviazgo de tres años y dos meses, Carlos organizó una propuesta de matrimonio emblemática en su hermosa Guadalajara. Reservó el restaurante, ubicado en el centro de la ciudad, para que solo ellos dos pudieran acceder. Allí disfrutaron del exclusivo espacio y de una deliciosa cena de tres tiempos.

¿Y el anillo de compromiso? Después de deleitarse con los primeros platillos, la hora del postre llegó. Y encapsulado en una apetitosa gelatina fue como la sortija de pedida llegó, acompañada de la pregunta de rigor, que habría de ser respondida con un “sí, acepto”.

El cielo se despejó y comenzó el gran día

Un día antes de la boda, los novios estaban muy preocupados por la tormenta. El fuerte viento y el cielo nublado indicaban que se extendería al día siguiente y la fiesta se vería afectada por el terrible clima. Pero al día siguiente todo cambió. A mediodía, el cielo comenzó a despejarse y permitió que el sol deslumbrara y que no cayera ni una gota más sobre Nayarit. En el Hotel Villa Varadero, lugar donde Ahtziri y Carlos unieron sus vidas, todo estaba listo.

Entre arena y mar, se anunció la entrada de la novia, quien puso de su lado las telas ligeras y vaporosas para cumplir su gran sueño: portar un vestido de novia corte princesa. Ahtziri simplemente quería lucir como una princesa recién salida de un cuento de hadas y lo logró. Añadió a su estilismo un velo corto que acentuaba el peinado recogido con el que el vestido luciría en su totalidad, mientras que la sutil joyería dio continuidad al encanto de toda la escena.

El ramo natural combinó con el boutonniere del novio, que portó un traje de tres piezas. El color beige del traje tuvo su acento brillante gracias al color azul del moño que eligió para la ocasión. La misma paleta de azules pintó las corbatas de los best men y los vestidos de las damas de honor. ¿A quién le gustará el azul, al novio o novia o a los dos? Sin duda, el color fue ideal para crear contrastes y hacer de la suya una boda vibrante, fresca y llena de vida.

Entre romanticismo y diversión…

La ceremonia se llevó a cabo en la playa e igualmente la sesión fotografía que estuvo a cargo de Fotografía iHtoa. El fotógrafo se encargó de capturar cada detalle de la boda; de principio a fin, fue la sombra de los novios para que por siempre los recién casados puedan rememorar cada instante de la velada.

Lo especial del día de Ahtziri y Carlos fue que, durante la ceremonia, sus mamás les dedicaron bellas bendiciones para el nuevo camino que estaban por emprender. Por otro lado, lo especial se enfatizó con sorpresas divertidas que organizaron los novios. ¿Cuáles? Semanas antes de la boda, la novia y su papá crearon una coreografía para presentarla ante todos los invitados. ¡Fue toda una sorpresa!

Pero sorpresa ¡la que se llevó la novia! Sin esperarlo ella, Carlos se reunió en la pista con sus amigos para comenzar a bailar, a modo flashmob. Al finalizar, invitaron a todos para que comenzara la fiesta. La noche fue bañada de magia y amigos, familiares y novios se reunieron a pie de playa para encender globos de Cantoya que emprendieron el vuelo para iluminar la noche.

La luna se ocultó, los invitados regresaron a casa, mientras que los novios extendieron su estancia en Nuevo Vallarta para disfrutar de su anhelada y merecida luna de miel.