Historia de terror. Boda en Hotel Artisan Playa Esmeralda Marzo 2025
Hola, escribo esta reseña un mes después de haber realizado mi evento. Dudé en escribirla porque no es algo que quieras recordar con un mal sabor de boca, sino con amor y felicidad. No obstante, quiero que mi experiencia sirva a futuras parejas en su toma de decisiones. Esta es solo una síntesis de lo que sucedió, porque son incansables las anécdotas que podríamos contar sobre el proceso, el evento y la estancia en el hotel, todas relacionadas con la mala comunicación, los cambios en el contrato, la mala atención, las promesas incumplidas y la pésima organización.
Mi boda se llevó a cabo el 15 de marzo de 2025. Elegimos el hotel Artisan, en Playa Esmeralda, porque mi ahora esposo es de Veracruz y era su deseo realizarla en un lugar que le llena el corazón: Playa Chachalacas. Yo soy de la Ciudad de México y actualmente vivimos en Guadalajara.
Desarrollo
El contrato se firmó un año antes, bajo ciertas condiciones que, a lo largo del proceso, el hotel intentó modificar en varias ocasiones a su favor. Por ejemplo: se incluyó el descorche en el contrato original, pero después quisieron eliminarlo por completo, y más adelante lo limitaron a solo veinte botellas. También se ofrecía que la pérgola estaría decorada con telas, pero al final resultó que no las podían ofrecer.
En un momento del proceso, además, intentaron cobrar aparte la gestión del evento: la coordinación de meseros, el montaje y la organización de los proveedores, incluyendo los que el mismo hotel contrata, bajo el argumento de que eso no estaba entre sus deberes. Tuvimos que señalarles que todo eso estaba claramente estipulado en el contrato, y tras varios intercambios aceptaron, pero fue otra muestra de la desorganización y falta de seriedad con la que trabajan.
La comunicación fue sumamente deficiente. La persona encargada de organizar el evento tardaba no horas, sino meses en responder a nuestras dudas o peticiones, a pesar de la insistencia vía telefónica y WhatsApp.
Como la mayoría de nuestros invitados venía de la Ciudad de México o Guadalajara, se intentaron hacer muchas reservaciones… digo se intentó, porque hacer una reserva en Artisan es casi una victoria. Yo misma tardé alrededor de seis meses en lograr reservar una habitación. A algunos de nuestros invitados simplemente se les negó el hospedaje, alegando que ya no había disponibilidad. La gerencia tuvo que intervenir, sorprendida, porque estaban negando habitaciones... cuando eso es precisamente su negocio.
El código de descuento por la boda fue una sorpresa para el personal de recepción; a varios invitados nunca se les aplicó el descuento. En recepción, yo misma era una desconocida, así como mi evento, cuando intenté hacer la reserva en repetidas ocasiones. Finalmente, al llegar al hotel, desconocieron mi reservación. Me ofrecieron otra habitación, más cara, porque era la única disponible.
Todo el proceso fue frustrante: la organización, la pésima comunicación y la falta de seriedad del hotel, que pretendía cambiar las condiciones del contrato en varios momentos, así como la improvisación que caracterizó el día del evento. Durante mi estancia me di cuenta de dos cosas: no tienen suficiente personal, y el poco que tienen es muy ineficiente. Se salvan dos o tres personas; fuera de eso, no hay cómo ayudarles. Ojo: durante este año tratamos con tres gerentes diferentes. Espero que eso les diga algo.
El día de la boda: lo que salió mal
En la recepción de invitados se ofrecería vino tinto y blanco. Sin embargo, nos negaron el blanco, alegando que sólo habíamos mandado tinto, cuando en realidad enviamos dos cajas, una de tinto y otra de blanco. Ojo: era una boda para solo 35 invitados, pequeñita, quizás por eso la subestimaron. ¿Qué sucedió? Que dosificaron el vino tinto al extremo. El vino blanco empezó a aparecer misteriosamente durante la cena. Quizá alguien lo recordó, pero no estaba pensado para ese momento.
También negaron otras bebidas, alegando que ya no había, a pesar de que se había comprado en abundancia. Uno de mis invitados tuvo que levantarse de la mesa para reclamar directamente: “Hace cinco minutos te traje dos botellas, ¿cómo que ya no tienes?”. Y las sacaron. Al día siguiente, la encargada de ventas nos entregó una botella que supuestamente había sobrado. La verdad, no creemos que realmente haya sobrado una sola botella después de todo lo que se compró. Y, en cualquier caso, no queríamos sobrantes: queríamos que no negaran el alcohol durante el evento.
Rentan el lugar por cinco horas, por lo que todo debe estar listo para aprovechar el tiempo. La cena estaba programada para servirse a las 6:30, pero se sirvió casi a las 8, y fría.
El primer tiempo era una crema de langostinos, pero lo que sirvieron fue un caldo, literalmente un caldo frío, sin la consistencia de crema. Además, lo que se presentó en la degustación estaba lejos de ser lo que se sirvió el día del evento, tanto en presentación como en consistencia y sabor. Creemos que el chef también cambió durante este año, y eso explicaría la enorme diferencia. Mi esposo tuvo que levantarse a reclamar fuertemente y exigir que el siguiente tiempo se sirviera caliente y como se había pagado. Ojo: pagamos el menú más caro, cerca de 1,800 pesos por persona.
La cena se empalmó con otras partes importantes del evento: tuvimos que interrumpirla para hacer el brindis y comenzar el baile, porque el tiempo se agotaba. La boda concluía a las 10:30. No había suficientes meseros; si querías algo, tenías que levantarte a pedirlo tú mismo. Una pesadilla.
Al día siguiente, el gerente del restaurante —que debía haber coordinado el servicio de alimentos— ni siquiera se atrevió a sostenernos la mirada. De pasada, solo nos dijo: “Que les vaya bien”, cuando nos retirábamos del hotel.
Conclusión
A todo esto, hay que sumarle la experiencia de hospedarse en el hotel, que fue otro reflejo de lo sucedido en la boda: largas esperas, incluso de dos horas, para recibir una bebida o alimento en los restaurantes; pésimo servicio; y el desconocimiento de nuestra reservación, la de los novios, hecha seis meses antes, tras varios intentos desde un año antes.
Insisto: el personal necesita con urgencia capacitación.
No lo hagas. No te cases en el hotel Artisan. Te llevarás tragos muy amargos. El hecho de que hayan cambiado tres veces de gerente durante este tiempo dice mucho sobre la situación de desorganización y crisis por la que atraviesa el hotel.