La boda de Andrea y Armando en Coyoacán, Ciudad de México
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07 Dic, 2019La crónica de nuestra boda
Hay pocos momentos en la vida que debes tener los mejores recuerdos. Uno de ellos es la gran aventura del día de la boda. Empezamos desde las seis de la mañana pues, por coincidencia, tuve un examen a las 7 de la mañana. Así que nos dispusimos con los preparativos desde la primera hora de la mañana. Por separado, ella trabajando en alistar todo lo necesario en las maletas, pues la preparación se hizo en un departamento cerca de aquí, con familiares que llegarn de EE. UU. Mientras ella alistaba maletas, yo ajustaba traje y accesorios, lo cual fue complicado, pues no estoy acostumbrado a preparar detalles como corbata, mancuernillas... hasta las agujetas de los zapatos se tuvieron que cambiar (¿Quién vende agujetas rojas en zapatos color miel?), bueno, quizá estoy un poco fuera de moda.
Así transcurrió la mañana, hasta que el momento del maquillaje comenzó. La novia estaba lista en el departamento y aproveché para ir con mi hermano a preparar barba y cabello.
Finalmente, todos reunidos en el departamento, llegaron las damas y los best men para la sesión de encuentro.
Seguir leyendo »Entre carreras y ajustes imprevistos (como que mi cinturón no me quedaba, le faltaba un orificio adicional), todo fluyó de manera emocionante y sin nada grave. La emoción iba en aumento. Nuestra fotógrafa Cintya, hizo un trabajo increíble y tomó fotografías por todos lados: el departamento que rentamos era hermoso, nuestros padres estaban ahí, las mejores amigas y amigos estaban compartiendo nuestro momento especial.
Entonces, con una palmada en mi hombro, la mujer de quien me enamoré hace 8 años y me sigue enamorando cada día, se convirtió en la mujer más hermosa del mundo. No tuve palabras ni pude contener la emoción. Esa fue la primera vez que la vi con su hermoso vestido, elegante y radiante para el día más importante de nuestras vidas.
El tiempo se consumía, fotos de un lado y de otro, mi mejor amigo haciendo nudos de corbata para todos, mis primas, que eran encargadas de la planeación eran las más distraidas del mundo, en dos palabras: todo perfecto.
Llegó el momento. Salió la familia, los amigos... después yo y finalmente la novia, rumbo a la iglesia. Llegué primero, sin contratiempos y me alisté en el altar con mis padres. El cortejo se preparó y finalmente la novia, quien tuvo que caminar una cuadra pues no hubo lugar para estacionarse (porque CDMX). Después de una hermosa ceremonia, en el lugar donde acostumbramos asistir a nuestra misa dominical, nos convertimos en una sola carne, con la bendición de Dios, nuestra familia y amigos.
Después todo fue diversión. La recepción con la canción Hasta Viejitos de Carlos Vives, fue un momento que no voy a olvidar, nuestro baile y la locura de la Vibora de la Mar (donde casi tiran la mesa principal), son cosas que ambos guardamos en nuestro corazón. El placer de disfrutar la compañia de nuestros seres queridos y saber que todos formaron parte del momento en que unimos nuestras vidas, es lo que nos llevamos para siempre.
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