La boda de Rodrigo y Sandra en Tequesquitengo, Morelos
Al aire libre Primavera Azul
R&S
05 Mar, 2016La crónica de nuestra boda
Jueves, a dos días de la boda. Estuvimos arreglando algunos detalles que hacían falta, yo no podía dormir de la emoción, y abrí mi último chat, donde muchas de ustedes me felicitaron y compartieron sus buenos deseos; aunque las leí, ya no tuve tiempo de contestarles.
Viernes, a un día de la boda. Despertamos temprano, nos fuimos hacia Cuernavaca a la estética donde me iban a poner las uñas de gellish, las pedí en tono natural (les recomiendo que lo hagan en sus propias uña y no en unas postizas); tardaron dos horas y al terminar nos fuimos hacia Tequesquitengo.
Al llegar, lo primero que hicimos fue llevar al jardín las cosas que hacían falta (dulces para la mesa, toallas, abanicos, burbujeros, alcohol, etcétera), y después nos fuimos a instalar al hotel que queda a un lado del lugar.
Una vez instalados nos fuimos a comer con mis suegros, y al volver al hotel nos encontramos con algunos invitados y con la sorpresa de que ¡no había luz ni agua! Y que la gente empezaba a impacientarse, entonces decidimos alejarnos del problema e irnos a cenar mi actual esposo y yo con la esperanza de que al volver todo estuviera resuelto.
Seguir leyendo »Al regresar nos dimos cuenta que aún no había luz ni agua y que no tenía para cuando resolverse, y nos enteramos que algunos invitados habían huido a otros hoteles, sin embargo decidimos dormir ahí y tomar una decisión al respecto al día siguiente con luz (aunque fuera del sol).
Sábado, día de la boda. Nos despertamos muy temprano, y al ver que aún no se había resuelto la situación decidimos irnos a desayunar; encontramos un restaurante abierto y al contarle nuestra historia a la camarera ésta nos comentó que era común que le sucediera eso al hotel en que nos habíamos hospedado por “exceso de pago”.
Es así que decidimos ir por nuestras cosas y rentar una habitación en otro hotel, lo cual no fue tarea fácil, pues nuestro cuarto se encontraba en el tercer piso, y había que cargar con muchas cosas (entre ellas el vestido y dos trajes de lino de mi esposo).
Llegamos al nuevo hotel y cada quién decidió relajarse a su manera, mi esposo durmiendo y yo nadando, y por qué no, disfrutando una piñada (piña colada sin alcohol).
A dicho hotel llegaron la fotógrafa y la maquillista con su personal y equipo, pues amablemente accedieron a atendernos en el nuevo lugar.
Nos fuimos al jardín cuidando que no se arrugaran o mancharan el vestido y el traje; a pesar de los inconvenientes, Ro y yo mantuvimos nuestro estado Zen, y estábamos muy contentos porque era el día de nuestra boda.
Cuando llegamos al jardín me llevé una hermosa sorpresa, era el más hermoso jardín que hubiera visto en mi vida, todo estaba adornado tal y como lo habíamos solicitado, excedía nuestras expectativas, parecía un sueño.
Tuvimos una sesión de fotos, y antes de que empezara a llegar la gente me resguardé en un cuarto que tienen especialmente adaptado para los novios; de repente se escuchó la marcha nupcial, le sonreí a mi papá y le dije “nos toca pa’”.
Cuando llegué al final del pasillo, ahí me estaba esperando el hombre de mi vida, me sonrió y su sonrisa me hizo sentir tranquilidad; el padre dio una hermosa misa, la jueza estaba algo molesta esperando para casarnos por el civil, pues el padre había tardado en llegar (les recomiendo ir al baño antes de la misa, pues yo tuve que aguantar desde el final de la sesión de fotos hasta terminar la ceremonia civil).
Terminando la boda civil, tomamos la camioneta que nos llevaría al vehículo en el cual llegaríamos al jardín por sorpresa, una hermosa y moderna lancha.
Al acercarnos al jardín por el lago escuchamos la canción que habíamos pedido para llegar (Up Town Funk de Bruno Mars), con un cambio de luces nos anunciaron y los invitados aplaudieron a nuestra llegada.
A la mitad del muelle se activó la pirotecnia en frío detrás de nosotros; prácticamente corrimos a nuestra mesa para que los invitados no nos interceptaran para tomarse fotos con nosotros, pues no queríamos que los demás invitados se aburrieran.
Cuando comenzamos a comer nuestra deliciosa entrada, se escuchó el saxofón que deleitaría a nuestros invitados durante la cena, tocando música variada.
La riquísima crema de espárrago con pistache, fue servida en un bowl de pan, y a todos les gustó que en lugar de pastel diéramos postres.
Cambiamos un poco el formato y bailamos antes con los papás (un tema interpretado por el saxofonista que habíamos contratado para la cena), luego el brindis y nuestro primer baile como esposos, con la canción “Te quiero tal como eres tú”, interpretada por José José (claro en grabación).
A la mitad de nuestra canción, comenzaron los fuegos artificiales estilo Disney, escogimos todos los que abrían bonito, tan fuerte y cerca estaban los fuegos que cayó una pequeña bola encendida a un lado de nosotros, que nos encontrábamos en la pista.
Les tengo que confesar que estoy muy contenta porque mi esposo y yo bailamos toda la noche y solamente bajamos de la pista para abrir mesa de dulces y cabina de fotos.
Los invitados que querían tomarse fotos con nosotros tenían que ir a bailar y eso nos gustó mucho.
Para terminar mi historia me gustaría decirles que lo importante de la boda son los novios y su actitud en cualquier cosa que suceda. Nuestra boda fue un éxito y puedo decirles que ese día nuestra historia tiene un final feliz, no tengo duda de que me casé con el hombre indicado.
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