La boda de Miguel y Karen en Querétaro, Querétaro
En el campo Otoño Vino
M&K
09 Sep, 2017La crónica de nuestra boda
Comenzó el día que durante un año había esperado con ansías. Desperté a eso de las 7:00 am, tomé un baño y desayuné sin hambre porque sabía que no podía tener el estómago vacío. Sólo había dormido unas escasas 4 horas, ya que el día anterior mi ahora esposo y yo terminamos la decoración y los detalles finales.
Llegamos mi mamá y yo a las 10:00 am al salón de belleza. Creo que fue hasta ese momento, cuando todo el equipo de trabajo de Daniel Kintanar se dedicó completamente en mí, que entendí que ya estaba a escasas horas del gran momento, los nervios me invadieron. Dos horas después estaba lista, hermosa. El maquillaje y el peinado eran perfectos para mi día.
Me arreglé a una cuadra del salón de belleza, en casa de una amiga, mi dama de honor. Llegué y vi mi ramo, no podía creer lo bello que era, coloridamente perfecto; sin duda Dalia Diseño Floral hizo un trabajo perfecto. El vestido me quedó flojo. Supongo que los nervios me hicieron perder peso los últimos cuatro días. De repente ya faltaba sólo media hora. Y llegó el coche por mí, para llevarme directo a la Catedral. Nos subimos. Ya era hora.
Seguir leyendo »Íbamos llegando en el coche cuando a lo lejos, frente a la iglesia, vi a un hombre vestido de charro esperándome. Mis ojos se llenaron de lágrimas y comencé a respirar muy aceleradamente. Mi mamá y mi dama de honor me dijeron que me calmara. Bajé del coche y mi papá estaba muy guapo esperándome para entregarme.
El padre acomodó el cortejo nupcial y mi papá y yo hasta atrás para que el novio no nos viera.
Comenzó la música del coro y todo el cortejo empezó a entrar a la iglesia. De repente comenzó la canción que desde niña imaginas de fondo mientras caminas hacia el amor de tu vida: “tan-tan-tan-tan tan-tan-tan-tan”. El pasillo hermosamente decorado con flores blancas y rosadas. Yo caminaba sólo porque mi papá me llevaba del brazo, sentía que mis piernas no tenían fuerza. De repente volteó Miguel a verme (mi esposo) y me dio una sonrisa tan especial que se me olvidó todo el miedo que tenía y comencé a caminar hacia él con una felicidad inmensa. Llegamos y mi papá me entregó a él.
El mensaje del padre fue muy bello. Nos dijimos los votos y nos entregamos los anillos y arras. De repente ya dejamos de ser novios para convertirnos en marido y mujer.
Al salir de la iglesia, ahí estaban muchísimas personas esperándonos con maracas, burbujas y pétalos de rosas para festejar con nosotros nuestra unión.
Mis damas hermosas, mis mejores amigas y mi hermana. Vestidas de negro y una cinta floreada; cada dama de un color diferente. Todas con el mismo tipo de zapatos, hasta yo.
Llegamos a la recepción junto con el Mariachi Juvenil Chona al son de El niño Perdido. Comenzó una trompeta en medio de la gente y después otra en el jardín, como de telenovela.
Todo lucía hermoso: el papel picado con nuestros nombres, los pompones de papel de colores, los anafres de centros de mesa, los anafres grandes decorando, el molcajete en la mesa de novios, las plantitas en casa mesa, las letras gigantes. Todo lo que mi esposo y yo estuvimos planeando y haciendo meses antes.
La mesa de dulces increíble. Mi esposo hizo la carreta él mismo y mi hermana y yo hicimos el resto. Se veía divina con los dulces regionales.
La comida estuvo muy rica, gracias a Alejandro Vázquez que nos ayudó en todo. Enmolada de tortilla a mano, frijoles charros, barbacoa y carnitas. Aguas de sabores y toda la decoración mexicana, hacían que fuera la boda que siempre había soñado.
La música instrumental muy ad hoc a la hora de la comida. Llegó el toro mecánico, la cabina de fotografías Jiraffica, los puestecitos de kermes, el registro civil, la pintacaritas, caballetes e inflable para los niños para que también ellos celebraran con nosotros.
Llegó el momento del brindis, y mi amigo Arturo Olvera nos dio un discurso precioso. Y brindamos por nuestro futuro.
Comenzó el vals de papá e hija. Bailamos un mix de canciones: Vals para una novia, La Macarena, 1, 2, 3; El Rock de la Cárcel y Jarabe Tapatío. Fue muy divertido porque ni mi papá ni yo sabemos bailar.
Después el vals con mi esposo: Creo en ti de Reik. Es una canción que yo le dediqué a mi marido, porque para mí él es eso y mucho más.
Después el ramo, la liga, la Víbora de la Mar, La Marcha Fúnebre. Todo como queríamos que fuera. Y zas, que lanzan los fuegos pirotécnicos. Fue hermoso.
El tornaboda más delicioso. Tacos de cochinita pibil, tamales y café.
La fiesta siguió con el grupo Vagabundo Norteño, hasta que el cuerpo aguantó.
Sin duda alguna mi boda fue perfecta. El día más feliz de mi vida hasta ahora.
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