La boda de Luis Enrique y Ixchel Lorelei en Jiutepec, Morelos
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L&I
21 Oct, 2023La crónica de nuestra boda
Todo comenzó a las 7 de la mañana del viernes 20 de octubre, cuando me levanté a colocar todas las cosas que llevaríamos de San Ángel, CDMX a Jiutepec, Morelos, al lado de la puerta de entrada de la casa.
Mi prometido, que es abogado, tuvo que ir a recuperar un inmueble que le invadieron a uno de sus clientes y salió en la madrugada a trabajar. Mientras él resolvía problemas en el mundo legal, mi perro Ponchis, decidió jugar con las cosas que nos íbamos a llevar y rompió la cortina de la ventana.
Al ver que había ensuciado muchas cosas, me tuve que poner a lavarlas antes de irnos y la consecuencia fue que llegué 1 hora tarde a la cita de las uñas. Ya en el salón de belleza, me rebanaron los dedos con la lima y el diseño fue pésimo, pero ya no me importó. Solo seguí adelante con el plan, aunque me dolieran los dedos hasta para comer.
A las 11 de la mañana, fui a recoger a mis papás a Coacalco, mientras mi prometido iba por algunos familiares al aeropuerto. Todos llegamos a San Ángel a la 1:30 de la tarde y como no habíamos desayunado, Luis fue por algo ligero de comer. Tacos de cecina con chicharrón y coca cola.
Seguir leyendo »Una vez cargada la energía, comenzamos a subir las pantuflas, cilindros, recuerditos, crinolinas y vestidos de mi familia, algunas damas de honor a quienes les tuve que recoger el vestido de la tienda y todas las maletas a las camionetas.
Subir mi vestido, sin arrugarlo, fue la parte más complicada porque era, en verdad, enorme.
Al salir a Morelos, el tráfico fue espantoso. Llegamos muy tarde al jardín La Vila para entregar toda la utilería que se iba a ocupar durante la boda. Y de la desesperación, mi novio, que aún no me entregaba el anillo de compromiso, llorando, me confesó que deseaba llevar a la casa en donde nos hospedaríamos un mariachi y que había organizado una cena con nuestras familias para hacer su pedida de mano.
Para resolverlo y siempre manteniendo la calma, pese a que los planes se arruinaron, fuimos a Sam´s Club a comprar 8 pizzas, 4 ensaladas, vinos y 4 pays de queso para hacer la cena. Muchos de nuestros amigos que al parecer estaban invitados de sorpresa no llegaron, por lo que Luis y yo, ya sin sorpresa, nos encargamos de todo.
Con unas emotivas palabras me entregó mi anillo de compromiso y yo a él le di su reloj. Nuestras familias lloraron de emoción y al dar las 11:50 de la noche, todos se fueron a sus hoteles.
El día de la boda, el sábado 21 de octubre, ambos despertamos a las 9 de la mañana. Mi ramo se había secado durante el traslado, por lo que Luis fue a conseguir ramas de flor de buganvilias para arreglarlo. Quedó aún más hermoso de lo que yo lo había imaginado.
Mientras él se arreglaba en la casa, yo estaba en el Jardín siendo arreglada. Terminaron con mi maquillaje y peinado cerca de 1 hora y media, por lo que tuve 1 hora libre de las 2 a las 3 p.m, mientras llegaba la gente de la fotografía y mientras llegaban mis damas de honor a la sesión de fotos.
A las 4 p.m, después de tomarme fotos con 2 de mis damas, una de ellas me preguntó si no estaba nerviosa, le dije que no, sin dudarlo. En ese momento, caí en cuenta de que eso no era tan normal, pues estando tan cerca de la ceremonia que iniciaba a las 4:30, yo me sentía muy feliz y aliviada de que había llegado al fin el momento.
Comenzó la ceremonia. Todos los invitados se encontraban sentados en donde querían. Algunos en las periqueras de la entrada, otros en las sillas y todos en desorden, pero lo único que me importó fue ver a mis padres a mi lado, a mis damas al frente y a mi futuro esposo esperándome.
Durante la ceremonia, el juez del registro civil hizo algunas bromas, los invitados las contestaron con mucho humor y la celebración se convirtió en una reunión de amigos que presenciaban una boda con mucha alegría y sin formalismos.
Cuando terminó la ceremonia, todos acudieron a nosotros para felicitarnos y tomarnos fotos en donde pudieron. No nos permitieron llegar caminando a la zona del cocktail, pero todo seguía bien,
Todos disfrutaron de la hora lounge, los cocteles, los mezcales, las brochetas de jamón serrano con queso y los sopesitos, mientras reían y se tomaban fotografías.
Una hora después, ingresaron al salón y tomaron sus asientos para esperar la entrada de nosotros, ahora los esposos y disfrutaron de la cena, el baile, la cascada de pirotecnia, la mesa de dulces, el delicioso pastel y del baile de la iguana con la banda sinaloense. (Un baile tradicional en Guerrero)
Todo fue maravilloso y espectacular. No hubo alguien que no se divirtiera y si no lo hicieron, fue porque no quisieron.
Al final, entendí que no existen los nervios, cuando en el fondo hay certeza. Y que ningún conflicto debe manchar el recuerdo de tu boda, porque eso estará en tu memoria para siempre.
Nuestra anécdota.
21 de octubre 2021
Luis y Lorelei.
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