La boda de Ingrid y Omar en Cancún, Quintana Roo
En la playa Primavera Anaranjado 2 profesionales
I&O
27 Abr, 2019La crónica de nuestra boda
Crónica nuestra boda Ingrid y Omar, 27 de abril de 2019.
El día llegó, parecía lejano. Hacía más de 365 días cuando nos comprometimos. El 8 de abril de 2018 nos dimos el sí. Tantas cosas, detalles, ilusiones que planear. Todo se llevó a cabo con puntualidad sincronía y armonía.
El gran día llegó con chubascos mañaneros. El tiempo se puso más bochornoso de lo esperado. Las nubes pasajeras y el ambiente húmedo alteró un poco nuestra ilusiones. Pero apenas iniciaba el día y Cancún es así, puede llover torrenciales por cinco minutos y luego tener el sol en su máximo esplendor. Los chubascos sólo ayudaron a limpiar las calles, asentar la arena, calmar el oleaje y preparar el día para, un perfecto día.
A las 10 de la mañana inició todo, habíamos decidido que el lugar donde sería la recepción se haría el getting ready, no quisimos salir de nuestra casa o de casa de nuestros padres. Ya teníamos 10 años viviendo juntos, queríamos aprovecha los dos cuartos con vista al mar, tan espaciosos, minimalistas, privados y privilegiados que hay en Sea by C, perfectos para una sesión de foto y video. Un cuarto arriba del otro, ella eligió el cuarto de arriba, así no tendría yo oportunidad de fisgonear. Yo me alisté en el cuarto de abajo, nuestro hijo me acompañó, fue nuestro cómplice y fiel acompañante todo el día.
Seguir leyendo »Ingrid contará mejor su parte, yo la dejé con su maquillista a las 10:10 am con la promesa de verla 4 horas después con su hermoso e impactante vestido de novia. Un último beso de novios nos dejamos en los labios antes de vernos en el altar. Nuestro hijo y yo aprovechamos el tiempo para verificar con la coordinadora los últimos detalles del evento. Nos quedamos mirando cómo cada mesa montada, cada silla acomodada, cada mantel iba materializando un sueño de 365 días. El sol salía, el cielo se despejaba, la brisa soplaba, el día mejoró, sí aún podía ser mejor. La playa donde nos casamos comenzaba a albergar cada detalle que ideamos, flores aquí, flores allá, la pista de baile, las luces… todo tomaba su lugar.
Dieron la 1 de la tarde, a una hora de que las campanas sonaron. Yo ya estaba ansioso, las horas pasaron como arena en mis manos. Comencé a prepararme, y como buen hombre en 20 minutos estaba ya listo. Pero algo no iba como lo planeado, el maquillaje y peinado se retrasó. Nuestras mamás fueron maquilladas y peinadas con Ingrid, tres personas, dos maquillistas, los números no daban. Los nervios y las ansias apresuraron a todos, el peinado llevó más tiempo del esperado, parecía que la costumbre de que la novia llegue tarde a la iglesia se cumpliría. Para agregar más emoción al momento, la madrina de ramo ¡iba retrasada también! Mis nervios me apretaban por dentro. Los minutos previos transcurrieron como agua.
Ya formados en la iglesia, listos para entrar, mi mamá me tomó del brazo y me dijo, “ya llegó la novia, tú y ella están aquí, eso es lo que importa”. Un alivio me llegó de repente, la tranquilidad de las palabras de mi mamá eran lo que necesitaba. Comenzamos la ceremonia religiosa, caminamos hacia el altar tal como lo practicamos el día anterior, ahí la esperamos.
Cuando la ví, mi piel se erizó, mis ojos se estremecieron, “Perfect Song” de Ed Sheridan tocada con violines sonó de fondo. Tal vez alguna lágrima salió de mi ojos. No pude aguantar la emoción de ver a mi novia tan bella en su vestido.
La ceremonia religiosa se llevó a cabo en la capilla María Estrella del Mar, una hermosa y sencilla capilla a la orilla del mar. La capilla no es un lugar cerrado, es una palapa, no hay paredes, sientes la brisa del mar, es un lugar que contrasta su simplicidad con su hermosa vista. De fondo, justo detrás del altar está el turquesa mar Caribe que asiste como testigo de cada ceremonia. La brisa nos secaba las lágrimas de alegría de una ceremonia solemne y emotiva. Cuando el padre dijo “ya puede besar a la novia” nuestros labios se fundieron tras los vítores de los invitados y la marcha imperial de Star Wars nos acompañó en nuestra salida.
Corrimos después hacia la recepción, cinco minutos de camino costa arriba en el coche blanco de mi papá, quien nos hizo el favor de hacer de chofer de la boda. El lugar de la recepción se llama Sea by C el lugar es perfecto para una boda. De entrada te sorprende con una palapa junto a unos 50 metros del mar, a su alrededor una playa privada de blanca arena, a un lado de la palapa una cocina rústica y sencilla y para completar, un par de habitaciones, una arriba de otra, en la que los novios pueden alistarse, ambas tienen una encantadora vista hacia Isla Mujeres. ¿Qué es lo más emocionante? Definitivamente son las ventanas que tienen las habitaciones en vez de paredes, puedes tener una vista de 180 grados. El lugar es un lienzo en blanco que mi ahora esposa se esmeró, junto con la coordinadora, de embellecer, iluminar y perfeccionar para nuestro día.
Una vez llegamos a la recepción después de la misa, Ingrid fue a refrescarse a su habitación.
Mientras yo recibí y saludé al resto de los invitados que acababan de llegar. Le llamamos a este momento el cocktail de bienvenida, unas sillas periqueras y una sala tipo lounge recibió a los hambrientos invitados, les teníamos preparados unos bocadillos bien mexicanos: sopecitos, taquitos dorados, tamalitos de pollo, empanaditas. Los meseros no se dieron abasto pues todos ya veníamos de una larga jornada pre-boda y la fiesta aún estaba por comenzar. Los bocadillos volaron, apenas alcanzó para todos, ¡estaban tan ricos que todos repitieron más de una dos veces!
Después del cocktail celebramos la ceremonia civil, la cual dispusimos fuera lo más cerca del mar, un marco triangular lleno de flores enmarcó nuestra unión. Los invitados se sentaron a nuestro alrededor, fueron testigos de nuestra unión ante la ley del hombre. Una ceremonia más relajada sin duda, con risas, llanto, aplausos y bromas, todo en armonía.
Nuestros votos salieron del corazón, nos dijimos lo que ya sabíamos, pues lo hemos hecho para nosotros en los 10 años que llevamos de novios. Las gaviotas volaban arriba de nosotros, la brisa nos refrescaba y el atardecer retocaba el momento para hacerlo tan emotivo e inolvidable. Las lágrimas salieron de uno que otro invitado, toda la atmósfera fue pura emoción. La juez nos nombró “marido y mujer” y tras un beso apasionado concluimos el protocolo de unión.
Los invitados pasaron a sus lugares en las mesas para comenzar el convivio, mientras nosotros procedimos a la sesión de fotos, el atardecer tenía que ser aprovechado.
Minutos después hicimos nuestra entrada triunfal y dimos inicio al banquete.
El menú elegido fue tacos de guisado. Sí tan sencillo y delicioso como eso, desde el inicio quisimos un menú sencillo y que a todos gustase. Arrocito, frijolitos, nopalitos a la mexicana, chicharrón en salsa verde, rajas con crema, mole, tinga de res y para completar, el platillo estrella de la cocina yucateca: cochinita pibil. Todo estuvo delicioso, cada bocado estuvo tan exquisito que aún saboreamos cada platillo. Hasta la abuelitas, quienes siempre han sido las jueces más exigentes, repitieron plato. Con eso comprobamos lo delicioso que estuvo.
Las bebidas fueron cerveza, clara y oscura, aguas de sabor y vino blanco y tinto. Cualquiera que eligieras maridaba perfecto con tu platillo.
Las mesas elegidas fueron rectangulares, rústicas, como si estuvieras en un picnic, queríamos permitir la convivencia y la fraternidad. Flores en tonos rojos y coral adornaban el largo de la mesa al lado de unas pequeñas velas que alumbraban la vajilla dorada que engalanó la comida.
Tras el banquete, seguimos con el resto del protocolo de la fiesta de boda. Procedimos a cortar el pastel, pronuncié un breve discurso de agradecimiento a todos los invitados por su encantadora presencia. Invitados de varias partes del país y del mundo nos acompañaron en la velada. El choque de las copas se hizo escuchar para después cortar el pastel.
Acto seguido, nuestro primer baile de novios, un baile que Ingrid y yo preparamos por meses.
Ensayamos al menos 2 meses antes para lograr la coreografía, el más preocupado era yo pues tengo dos pies izquierdos. La canción elegida fue "Fly me to the Moon” con Frank Sinatra, esa fue la primer canción que Ingrid me dedicó cuando recién nos hicimos novios hace 10 años, desde entonces fue nuestra ilusión que fuera la canción de nuestra boda.
Contratamos a una profesora de baile para que nos preparara, confieso que al inicio fue súper frustrante, no lográbamos aprendernos la coreografía, pero en las últimas dos semanas, como por arte de magia (tal vez hayan sido los nervios pre-boda) los pasos fluyeron dentro de nosotros, parecíamos dos cisnes en la pista. El baile oficial así quedó como uno de los momentos más románticos de la noche. Un dulce beso y los aplausos cerraron con broche de oro el momento.
Luego, la hora del bailongo, todos a la pista, la fiesta oficialmente comenzaba, creo que no faltó nadie por bailar, hasta las abuelitas dieron sus mejores paso con todo y bastón.
El DJ se lució con música para todos los gustos, preparando a los invitados para la famosa Víbora de la Mar. Primero las chicas, luego los chicos, cada uno se acabó una botella de tequila, la fiesta se ponía cada vez mejor. Una que otra y uno que otro dieron muestra de su capacidad de ingerir alcohol, ninguna sorpresa, ya todos sabíamos de sus capacidades de algunos primos y amigos.
El baile continuó hasta que fue interrumpido para dar lugar al lanzamiento del ramo.
Pero quisimos hacerlo un poco diferente, en lugar de lanzarlo, hicimos una dinámica: pusimos el ramo en una caja transparente, con candado. Sólo una llave podría abrirla caja. Repartimos diez llaves a las codiciadas solteras, mucha emoción e intriga hubo con cada una de las participantes, la emoción creció más y más pues ninguna chica lograba abrir el candado que la llevaría al altar, no fue sino hasta la última llave la que premió a la última participante, curiosamente la señora llevaba varios años soltera y buscaba su nueva pareja, parece que fue esta la señal que esperaba.
Luego seguimos los chicos, Ingrid se sentó al centro de la pista, los chicos, codiciados solteros nos roderaon. Como me gusta el karaoke, decidí cantar una canción a Ingrid, “Locos” de León Larregui, mientras mi sensual baile acariciaba su piel. En el espacio instrumental de quince segundos me metí debajo de su falda y con un audaz movimiento quité el codiciado liguero de su pierna, el cual aventaría, esta vez sí como tradicionalmente se hace, a los codiciados solteros, que a diferencia de las chicas, no estaban tan emocionados.
El baile continuó pero por unos minutos, pues faltaba el acto final, nuestras damas y padrinos preparamos, a la par del primer baile de esposos, una coreografía grupal, quisimos que ellos fueran nuestros cómplices de este momento para agradecer los años de amistad y aventuras vividas. No fue fácil que las agendas coincidieran, entre trabajo, familia y vida personal, logramos sacar una coreografía, si bien no tan sincronizada, sí muy divertida y memorable que todos guardamos con mucho cariño. Elegimos un “Mix de Vaselina”, una pista musical de seis divertidísimos minutos que cerró con broche de oro la mejor fiesta de nuestras vidas.
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