La boda de Héctor y Betymar en Querétaro, Querétaro
Vintage Otoño Rosa
H&B
17 Oct, 2015La crónica de nuestra boda
Esta es nuestra historia de amor: “Héctor y Betymar”
Brevemente quiero resumir nuestra relación antes del gran día B y es que nosotros ya estábamos casados, pero solo por lo civil ya hace 13 años. En alguna parte de los preparativos tuve la dicha y la fortuna de llegar a esta maravillosa comunidad, que no solo me ayudó con mis preparativos, sino que me entendió, me escuchó, me alentó y comprendió mis emociones y sentimientos como nadie más lo había hecho hasta entonces. Aunado a eso, encontré a maravillosas mujeres que al igual que yo se identificaron y entablé con muchas de ellas una amistad entrañable.
Viernes 16 de octubre 2015
Mi mamá, una de mis tías, mi suegra y nosotros estuvimos dándole duro, avanzando lo más que se pudiera para la comida, ya saben: picando verdura, haciendo salsa, poniendo los frijoles, etcétera. Por la tarde mi esposo me acompañó a pintarme las uñas en un centro comercial donde lo hacen exprés y me encantó como quedaron. Cuando le platiqué a la chica que eran para boda se emocionó mucho y hasta me dijo que parecía estar más nerviosa que yo en lo que lo hacían. Mi esposo se fue a comprar sus zapatos y también aprovechó para comprarme algo que definitivamente no me esperaba.
Seguir leyendo »Hasta ese momento y, debido a que no era una boda convencional, no había anillo de compromiso, pero eso no me quitaba el sueño. Pasó por mí a lo de las uñas y al dirigirnos hacia el carro que estaba en el estacionamiento me dijo que tenía una sorpresa para mí. Honestamente jamás pensé que lo haría, pero sacó su cajita de su chamarra, me la dio y al abrirla vi el anillo más hermoso para mí. Un anillo con la forma matemática de infinito y me pidió si me quería casar con él. Las piernas se me hicieron sopa y lloré de emoción, nos abrazamos y obvio le dije sí. Me explicó que el símbolo de infinito era como nuestro amor, ¡qué romántico!
Sábado 17 de octubre 2015, 8:00 a.m.
Como comenté, ya vivíamos juntos entonces decidimos omitir ese asunto de que él saliera de la casa de sus papás (aunque sí lo pensamos), ya que teníamos varios pendientes aún y era medio complicado estar cada quien por su lado. Ese día todavía por la mañana estuve pintando unos adornos como letras de unicel y marco de unicel para fotos, eso terminé haciéndolo hasta la misma hora porque como recordaran, mi trabajo de plano no me dejaba nada de tiempo libre y solo descansaba los domingos. Aun así y como consejo: si de manualidades se trata avancen lo más que puedan con meses de anticipación por que el tiempo pasa volando.
Comencé a sentirme nerviosa cuando empezaron a llegarme llamadas a celular, era la familia que iba llegando de distintas partes de la república y hasta de Las Vegas, para preguntarme datos, para avisarme que ya estaban alistándose y apenas me caía el 20 de que el gran día había llegado. El estilista estaba citado a las 12 del día para que yo quedara lista por muy tarde a las 2, pero a esa hora apenas estábamos en el salón detallando con nuestro padrino de centros de mesa como iban a ir acomodados. Mis adorados tíos, que tienen un conjunto musical y que me hicieron el favor y el honor de amenizar la fiesta, ya estaban ahí probando la acústica y dejando todo listo y yo ahí todavía. Lo bueno que el salón estaba a unas cuadras de la casa.
Llegamos a las 12:30 y me traumé porque el estilista aún no llegaba. Comencé a preocuparme y a pensar en alternativas exprés cuando marcó a mi celular porque andaba perdido y no daba con la casa. Ya lo ubicamos, llegó y empezó a arreglarme como a eso de la 1. Lo bueno es que fue muy rápido y quedé pronto. Desde esa hora ya me había percatado que los del video no llegaron, pero supuse que tampoco habían dado con la casa y que los vería en la iglesia.
Yo aún quería hacer muchas cosas, pero la realidad es que el tiempo ya se me había agotado. Para colmo, mi cuñado que iba a poner su carro para llevarme también había quedado en llegar desde las 12, y eran las 2 y él ni sus luces. Me di cuenta que no mandamos pedir los arreglos que van en el carro y ya no encontraba los aretes que iba a ponerme. Estaba más nerviosa de lo que creí y las cosas sentía que se me empezaban a salir de control. Este fue un lapso en el que realmente me desanimé porque se nos hizo tarde, horrible, y ya no me dio tiempo de muchas cosas pero bueno, los planes seguían y mi cuñado llegó como al cuarto para las 3 y todavía llegaron a bañarse. ¡salimos de la casa a las 3:30! ¿O sea? Era tardísimo, la misa era a las 4 y la iglesia sí me quedaba lejos y admito que no contemplé que era sábado y, que al estar en el centro, las calles iban a estar hasta el full. Pues ya nos fuimos yo con mi cuñado, su esposa, mis niños y mi amor en su carro se llevó a mi mamá, mi sobrina, mi hermano y una tía.
Al acercarnos a las calles para llegar a la iglesia nos emparejamos en los carros y le hice señas a mi esposo de que ya íbamos tarde y el asintió con la cabeza, pero en el retorno lo perdí de vista y bueno pensé: ya lo veo allá, ya sabe dónde es…. Error. Chicas, que no les pase, ellos de por sí son distraídos y ese día están más nerviosos de lo aparentan, no dejen de ir con ellos a la iglesia para establecer una ruta. Resulta que según yo le di perfectas instrucciones para llegar y él me entendió otra cosa. Se estacionó muy lejos y luego no sabía por dónde llegar. Al ver eso mi mamá también cometió el error de decirle que se adelantara y los dejo atrás, pero ellos al no vivir en la ciudad pues menos sabían para donde darle.
Llegué 4:20 y al llegar mucha gente llegó a saludarme y besuquearme. En eso se acercó mi tía, que fue mi madrina de velación, y me dijo que el padre estaba muy enojado, que ya era muy tarde y cuando lo voltee a ver, ¡rayos! Era el padre que no me gustaba como daba las misas. Se acercó a saludar y me dijo: “¿ya podemos entrar?” Y yo con mi cara de pánico: “es que el novio no ha llegado”. En eso ya lo vieron asomar por allá y todavía llegó a que mi suegra le pusiera la corbata y el boutoniere. El padre nos volvió a preguntar que si ya estábamos listos y en eso reaccioné y le pregunté: “¿y mi hermano?” “No sé”, respondió, “venían atrás de mí”. No estaba quien iba a entregarme y volvió el estrés a mí y para colmo, mi esposo era el que traía las hojas impresas de las lecturas y los salmos que se iban a leer en misa, y por las carreras también las dejó en el carro. Mi suegra nos volvió a pedir que ya nos acomodáramos pues era muy tarde y uno de mis tíos, de los más queridos, se acercó a mí y me dijo: “hija, si me permites el honor, yo te llevo del brazo hasta el altar”, me sentí muy aliviada de que fuera él quien lo hiciera pues, aunque vive en otro estado, siempre ha estado muy al pendiente de mí y es lo más cercano que tengo a un padre, pero aun así estaba triste en el fondo porque yo tenía la ilusión de que fuera mi hermano quien me entregara.
Entramos y me percaté de que mi suegra mandó a mi suegro por las hojas olvidadas, pero no llegó. Lo bueno es que el padre separó unas lecturas bonitas y aún enojado nos permitió que mi hijo y un sobrino leyeran y cantaran los salmos. Ya ahí me sentí más tranquila, de reojo volteé y vi que mi mamá y mi hermano ya estaban acomodados y bueno, el momento más importante, el que había esperado por años, el que preparé con meses de anticipación por fin estaba frente a mí.
Ahí estaba mi amado esposo, mirándome al mismo tiempo que sonreía y en sus ojos lo olvidé todo: las prisas, los pendientes, el cansancio, al padre gruñón, todo quedo atrás y mi sueño al fin se volvía realidad. El padre nos preguntó que si nos aprendimos los votos pero con los nervios yo creo a cualquiera se le olvidan, así que le pedí que mejor nos los dijera y nosotros los repetíamos. Así fue, frente a Dios y frente al mundo nos declaramos amor eterno y verdadero, limpio y sincero, se unificaba nuestra familia y nos convertimos en uno solo. Todo lo demás transcurrió sin mayor problema, la bendición de los anillos, de las arras, nos pusieron el lazo. Todo simplemente fluyó y al finalizar la ceremonia nos acercamos a agradecer a mi virgencita de Guadalupe. Para eso yo ya tenía preparado cantar el Ave María, y para lo cual estuve ensayando durante varias semanas con el maestro organista. Les digo que de verdad me salió muy padre, solo que en el momento no vi a mi madrina de ramo y le dejé el principal, pero en seguida me pasaron el que era y solo lo cambié. Después de eso mis suegros se acercaron a darnos la bendición, enseguida mi mamá y mi hermano, y ya por último las fotos de rigor con la familia y amigos.
Al salir de la iglesia y como el padre no dijo su clásico: “puedes besar a la novia”, todos empezaron a corear “beso, beso, beso” y sin tapujos y con mucho gusto nos dimos nuestros buenos besos. En esas fotos nada habla mejor que las imágenes: nuestra carota de felicidad era más que obvia. Yo había dado pétalos para que nos los aventaran porque me dijeron que no había problema, pero como estaba el padre gruñón dijo que no. Eso salió a los comentarios ya después, porque en el momento, como les digo que yo estaba bien absorta en lo feliz que me sentía, ni me entere, así como tampoco había cavilado que los del video tampoco llegaron. De eso me cayó el 20 hasta que estábamos en el salón.
Ya de ida hacia el salón todavía nos entretuvimos porque había que pasar por las tortillas y pasamos a la casa por algunas cosas olvidadas por las prisas. Al llegar al salón ya estaba lleno total, eso me hizo percatarme de que varios faltaron a misa. Al entrar ahí sí nos aventaron los pétalos. El público pidió que entrara cargada en brazos de mi amor y les dimos gusto. La verdad es que casi no había decoración, pero más que nada por falta de tiempo, pero eso no impidió que me la pasara infinitamente feliz.
Mis tíos del conjunto nos dedicaron la primer canción, pero no quise salir a bailarla porque yo quería que nuestro primer baile de esposos fuera una canción que ya llevaba yo preparada, la de “Amor Real” de Sin Bandera, así que en cuanto terminaron ellos bailamos nuestra pieza, que por cierto medio le cante al oído y sentí que éramos solo él y yo.
Después de abrir pista comenzó la hora de la comida, se dieron carnitas, frijoles y arroz, tortillitas de maíz azul y de beber había tequila y ron; todo en cuanto a la comida salió súper bien y eso que a la hora llego más gente de la que esperaba y tuve que pagar 2 mesas extras al final del evento, pero hasta sobraron carnitas para la semana siguiente. Toda la comida iba a tono con los platones de barro que compramos, los servilleteros, los saleros y salseras también eran de barro y los tortilleros fueron de mimbre. Cuando estábamos comiendo fue cuando me cayó el 20 de que no estaban los del video y le pregunté a mi esposo porque no habrían llegado o si aún irían a llegar, pero ni para hablarles porque ya nuestros celulares se habían quedado sin pila y los contratos estaban en casa. Admito que sí me molesté y me entristecí, pero fue momentáneo, total, lo importante era el momento que vivíamos y nada nada podía opacarlo.
Todo transcurría a pedir de boca y después de comer ya con calma platiqué de flash con algunos invitados cuando de pronto una de mis amigas me dijo: “Mira, ¡creo que te van a cantar una canción!” ¡Volteé y vi a mi marido con su guitarra puesta! ¡Sí estaba listo para cantarme una canción! Él casi no canta, solo toca, pero creo que esto lo ha de haber preparado con tiempo y ya se imaginaran que casi chillo de la emoción. La canción fue la de Santa Cecilia. Días después me platicaba que antes de hacerlo se tomó 2 tequilas derechos para armarse de valor. Al terminar le di un besote, me dijo que si cantaba una canción con él y cantamos una de su autoría que se llama Destino y habla del amor. Ya por último un primo se acercó y nos tocó una canción también. Enseguida, y para aprovechar el buen ánimo de los invitados, pasamos a la víbora de la mar. Primero les tocó a las mujeres y en cuanto terminó fue la hora de lanzar el tan esperado ramo. Les di unas cuantas largas y luego ¡zaz! Salió por los aires mientras las chicas esperaban cacharlo y lo que pasó fue que me desconté a mi hijo mayor, que iba pasando tranquilamente por ahí y no supo ni de donde le cayó un objeto volador en la cabeza. Luego de acomodarle las ideas al niño se fue directo al piso donde la más viva fue una sobrina y lo reclamó de inmediato. Fue un momento muy divertido, luego fue el turno de los caballeros en la víbora y casi logran tirar a mi marido, pero no lo lograron y al terminar la marcha fúnebre hizo que mi esposo quedara a medio vestir y que surcara los aires unas cuantas veces. Estábamos súper divertidos. Luego me hizo su striptease y vaya que me sorprendió, pues él es muy serio y reservado pero ese día yo creo estaba tan feliz y con sus tequilas del valor, que le salió bien natural. Me quitó la liga que más bien ya traía yo casi en el piso y se dispuso a lanzarla a los caballeros, el afortunado fue mi tío que me entregó en la iglesia.
De ahí, pasamos al brindis y luego a la coperacha de los invitados para la luna de miel. No junte mucho, pero todo sirve. Era casi nada más para no dejar pasar y de ahí en adelante nos dedicamos al bailongo. Los invitados se olvidaron un poquito del frío tan tremendo que hizo ese día y se pararon a bailar. Dimos algunos objetos como mandiles, lentes, gorros, máscaras, corbatas y nosotros nos pusimos nuestros sombreros de novios. Ya casi para terminar, partimos el pastel y contamos unos chistes al público.
Fue uno de los mejores días de mi vida y aunque como todo, hubo detalles, no cambiaría nada. En los días posteriores solo oí buenos comentarios, pero uno de los mejores fue que se notaba cuanto nos quería toda la gente que asistió, ya que pese al frío tremendo que se soltó ese día (porque iba entrando un huracán al país) y que a muchos sí les quedó bastante lejos, casi todos se quedaron hasta el final y era obvio que la estaban pasando de súper lujo al compartir ese día con nosotros.
Les agradezco infinitamente a quien se echó toda mi crónica y le agradezco nuevamente a Bodas.com por permitirnos formar parte de esta gran y hermosa comunidad de personas con un sueño en común: “La boda de sus sueños”. Gracias.
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