La boda de Gerardo y Susana en Tlalnepantla, Estado México
Otoño Rojo
G&S
07 Jun, 2014La crónica de nuestra boda
Un día hermoso, amaneció soleado y con mucho movimiento en casa, abrí los ojos y vi a mi mamá frente a mi diciéndome en voz baja ¡hoy es tu boda!, la abrase con tantas fuerzas y sonreí. Envíe un mensaje de buenos días a mi futuro esposo. Me levanté con el pie izquierdo (literal) y pensé en las famosas supersticiones, era mi boda así que nada malo iba a pasar, corrí tome un zapato de él, un zapato mío, tome la foto y directo a publicar, escribí “que importa con que pie nos hayamos despertado, hoy será un gran día”, cerré Facebook y comencé a alistarme, cuando salí a peinado y maquillaje, vi a mi papá y le saludé, su cara era de un hombre orgulloso, estaba feliz y emocionado de colocar la estrella en lo más alto de la puerta y a la vista de todos, pues su última hija se casaba, sonreímos un poco y partí junto con mi mamá. Fui una novia buena que no entró en pánico y estaba obediente mientras me arreglaban (o eso me dijeron).
Mientras preparaban a mamá yo veía mis fotos una tras otra y recordaba aquel momento cuando empezó todo. El reloj continuó avanzando, llegó el primer fotógrafo, que emoción, ya empezaban a congelarse los momentos del que sería el mejor día de mi vida. Llegué a casa, llegaron más fotógrafos, llego video, corre a vestirte de novia (mi sueño desde pequeña) rodeada de mis hermanas, mi sobrina y mi mamá, vestida por ellas, me pusieron mi vestido, el velo, la cauda, pareció que el tiempo se detuvo, pude lograr ver cada detalle de aquel momento, todo combinaba como si hubiesen estado siempre juntos, mamá cerró el vestido y hubo un suspiro.
Seguir leyendo »Llego la hora, tenemos que irnos, antes pedí me tomaran fotos con ella, mi compañera, mi perrita, Trisha, terminaron las fotos, vámonos.
Al bajar las escaleras todo pareció ir más y más lento, tal vez eran los zapatos, que no podían ir más rápido, pero me daba la oportunidad de gravar en mi mente cada momento, Papá esperaba abajo, con su traje y con una sonrisa, mamá a su lado sonriendo y dejando escapar otro suspiro, pensé tal vez debería llorar para que supieran lo mucho que los amaba, pero recordé. La foto, la iglesia, la boda debes llegar mínimo arreglada, soporté.
Al llegar a la iglesia ya todos estaban presentes, llegaban poco a poco, todos tan tranquilos pero a la vez con risas y carcajadas como si no estuviesen en una iglesia, fui viendo a cada uno de mis ocho hermanos con sus familias (parecía lotería) y me emocioné un poco más, estaba rodeada de gente que amo, gente que me ama. Se abrió la puerta del carro, y mi papá dijo llego la hora, suspiré y contuve el aliento, tomé su mano y salí, caminé, entré a la iglesia y vi de espaldas al hombre de mi vida en un hermoso smoking negro acompañado de su mamá, mi futura suegra. Qué nervios, que emoción, comenzábamos a andar y el sacerdote dijo, hay que comenzar.
Comenzó la música en la iglesia y todos avanzaron lentamente, papá temblaba o tal vez era yo, jamás lo sabré, dimos el primer paso y ambos suspiramos, yo ya sentía los sentimientos a flor de piel, atrás de nosotros padrinos de velación, padrinos de argollas, padrinos de arras y padrinos de lazo, un poquito más atrás mis damas de honor (la mitad corriendo a última hora, la otra mitad listas y puntuales a la ceremonia)
Al llegar al altar mi papá le dijo unas palabras a Gerardo, cuídamela mucho, quise llorar pero la emoción entró en mí y se apoderó. Nuestros papás nos dieron la bendición y la boda empezó. Se dijo él “Yo, Gerardo te acepto a ti, Susana como mi esposa”.
Al final, dijeron felicidades, parecía que la iglesia rompió su silencio y aplausos sonaron por todas las paredes.
Gracias Dios por dejarnos vivir este momento.
Salimos, nuestros invitados ya nos esperaban afuera, nos aventaron un poco del tradicional arroz, burbujas en el aire y globos de helio rojos y blancos, fue como un sueño verlos ir, nos dimos un beso y listos para volver, pero esta vez ya íbamos marido y mujer.
Fuimos a tomarnos la foto, disfrutamos tanto el momento que olvidamos la hora, corrimos al salón, donde la juez ya estaba lista para casarnos por ley. Un discurso lindo y rápido, algunas firmas después de los novios, papas y testigos y la juez dijo, felicidades familia Rivas Fragoso. La gente aplaudía, nosotros nos besábamos, admirábamos el acta como si nunca hubiéramos visto una, la diferencia es que esta ya era nuestra.
El lugar perfecto, el momento perfecto y con el hombre perfecto, notas de una guitarra como fondo y voz pa' que la quiero, unas cuantas líneas le “canté” y mi corazón se empezó a hacer grande grande, lo abracé, me cargó, nos besamos y los pétalos de rosas rojas se hacían presentes en el aire, nuestro momento mágico, nos olvidamos un poco de alrededor.
Entramos y los aplausos se escuchaban tan fuertes pero lejanos, era real, era para nosotros y nuestra unión, nuestra familia y amigos estaban con nosotros celebrando nuestra boda, yo no podía dejar de sonreír y mirar a mí ahora esposo. Una rica cena mientras un saxofón amenizaba el momento.
Es hora de tener nuestro primer baile como marido y mujer "Por eso te amo" - Río Roma (y lo demás ya muchos de ustedes se lo saben) un baile que dejo a todos sorprendidos, cuál era la intención, nadie lo sabía, solo nosotros dos. Todos gritaron, se rieron y aplaudieron, parece que les gusto.
En seguida empezó el baile familiar, nuestros papás, nuestros hermanos y nosotros en la pista, dio vuelo a la fiesta. Se lanzó el ramo, la liga y la tradicional víbora de la mar.
Terminó la fiesta y nos fuimos, juntos, juntitos como esposos, pues la luna de miel nos esperaba.
Y así nuestra historia empezó.
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