La boda de Gerardo y Alejandra en San Andrés Cholula, Puebla
Rústicas Verano Anaranjado
G&A
29 Jul, 2023La crónica de nuestra boda
El 29 de julio fue uno de los días más especiales de mi vida. Cuando nos comprometimos, yo estaba reticente a hacer una boda, porque sentía que implicaba demasiado tiempo, dinero, energía y no sabía si era lo que quería. Sin embargo, hoy, tres días después de haberla celebrado, no cambiaría la experiencia que vivimos por nada. Fue muy hermosa; había alegría, risas, bailes y, sobre todo, amor por todos lados. No solo fue un día muy muy significativo para nosotros, sino para toda nuestra familia y amigos, y compartir momentos así no tiene precio.
Organizamos la boda en 6 meses. Como ocurre con todo en la vida, hubo momentos donde nos estresábamos y otros donde todo fluía muy bien. Pero realmente fueron meses lindos y emocionantes en los que además aprendimos a trabajar como equipo en un proyecto particular, y nunca habíamos tenido esa experiencia. La conclusión de la planeación es que aprender a trabajar en equipo es clave, que a veces no es fácil porque todos pensamos que tenemos la razón, y que a veces cuando damos espacio a que las cosas pasen de un modo diferente a como lo queremos controlar, hay hallazgos hermosos.
Seguir leyendo »Para nuestra boda llegaron invitados de diferentes partes de México, de Colombia, Madrid y Australia. Todos familiares cercanos y amigos que llegaron muy contentos a Cholula para vernos casa. Nosotros estábamos llenos de emociones de todo tipo, que a veces no hacían saltar de felicidad y otras veces sentirnos un poco abrumados, por tanto, que estaba pasando. De nuevo, un aprendizaje: está bien sentirse con emociones encontradas y no cumplir necesariamente con las expectativas que nos ponen de tener que estar completamente dichosos siempre, porque la vida no es así.
Finalmente, el sábado, día de la boda, acordamos que íbamos a soltar el control del evento y que íbamos a confiar plenamente en las personas que nos acompañaron en los 6 meses en la planeación de la boda. Nos propusimos a disfrutar ese día como se fuera dando, y que no íbamos a desperdiciar ni un minuto en preocupaciones. Disfrutamos el proceso de alistarnos, los nervios anteriores a salir al altar, que por supuesto que estuvieron presentes, pero de un modo disfrutable. Comenzó a llover, cosa que yo no quería porque cambiaba algunos planes para la boda civil, pero cuando ocurrió recordé el acuerdo que había hecho con Gerardo: dejemos que las cosas pasen como tengan que ser, y pongámonos más bien en el papel de observadores que todo lo gozan. Gracias a ese punto de vista, y a pesar de un gran tormentón que cayó, salí al altar con mis papás, con una sonrisa que me salía del corazón, y tuve la fortuna de vivir ese momento tan hermoso de encontrarme con mi futuro esposo para darnos el sí por siempre.
Veía en la cara de los invitados mucha felicidad, asombro por lo lindo que estaba todo (el salón estaba espectacular y teníamos vista a la pirámide de Cholula) y su alegría nos contagiaba a nosotros también. Luego de casarnos sentí una dicha que no había experimentado y me sentí muy afortunada por poder vivir ese momento. La cena salió muy bien, nos tomamos fotos con los invitados, y a las ocho de la noche comenzaron los bailes y se abrió pista. Disfrutamos mucho los bailes con nuestros papás y el nuestro propio... ya estábamos tan relajados que hasta hicimos pasos no planeados que nos hicieron ganas más de un aplauso.
Se abrió la pista y se armó una fiesta tan divertida que terminamos alargando el evento una hora más allá de lo planeado. Bailaban grandes y chicos, y en un momento que volteé y vi a todos saltando, incluido mi ahora esposo, tuve la certeza de que todo el esfuerzo había valido la pena. Fui muy feliz. Y aclaro: no todo salió bien. Hubo cosas que nosotros, que habíamos organizado la fiesta, sabíamos que no habían salido a tiempo y que no estaba como planeábamos. Pero los invitados ni idea tenían, y era nuestro día, así que pensamos: luego hacemos retroalimentación a los proveedores para que esos errores no se cometan en otros eventos, pero hoy no es el momento de pensar en eso, hoy es nuestro día y nada lo va a oscurecer.
Finalmente, todo este proceso ha sido una enseñanza grandísima en muchos sentidos. Por supuesto, se cumplió el cometido de casarnos y celebrarlo con quienes amamos. Y aunque eso es importantísimo, creo que nunca hay que perder de vista las otras enseñanzas que se dieron por el camino, y que son iguales de valiosas: dar lo mejor de uno, pero nunca creer que tenemos el control de todo. Disfrutar las cosas que salen bien y como queremos, pero también aprender a amar la imperfección que habita en todo. Porque nada es perfecto, y si aprendemos a amar aquello diferente a lo que queremos, seguro vamos a disfrutar más nuestro proceso de organización y día de boda. No vamos a frustrarnos tanto porque el cuento de hadas no nos salió tal cual o porque lon invitados no actuaron todos como queríamos o como nosotros actuaríamos en un día así con nuestros seres queridos. Eso es lo más valoro, porque es una enseñanza que me demoré en aprender, y por supuesto no es sencilla, pero que estoy segura que será de lo más útil para aplicar en este camino que comenzamos con nuestros nuevos esposos o esposas.
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