La boda de Enrique y Norma en Tláhuac, Ciudad de México
Elegantes Invierno Azul
E&N
22 Oct, 2016La crónica de nuestra boda
Al fin llegó el día.
Desde un día antes mi mami me consintió haciendo un pedicure y dándome un tesito relajante, y sí que lo necesitaba.
Al otro día, me levanté muy temprano, a las 6:00 a.m., porque me faltaban varias cosas por hacer y revisar. Una hora después, llegó la maquillista y nos empezó a arreglar a mi mamá, mi hermana y a mí. Llegó también el fotógrafo y comenzó con las tomas para inmortalizar los momentos del arreglo, los momentos emotivos con mi familia y es cuando al fin te das cuenta que es el último día que serás soltera, que vivirás en tu casa y que al fin llegó el día en el que conformas tu propia familia.
A las 3:00 p.m. llegó la limosina y nos fuimos todos a la iglesia. Al llegar ahí, mi prometido, su familia e invitados, ya nos estaban esperando. Al ver esa escena, sentí muchos nervios pero al ver a mi futuro esposo todo eso se convirtió en ganas de abrazarlo, de llorar, de mucha emoción y amor.
Al estar en el altar, frente a Dios, agradecí a él y a la vida por poder disfrutar ese momento con la persona que amo y que todo estuviera transcurriendo de la mejor manera posible. Al terminar la ceremonia era momento de las fotos familiares y obvio el estrés se había ido. También me dió mucho gusto ver a la mayoría de los invitados compartiendo con nosotros nuestra boda.
Seguir leyendo »Todos nos fuimos al salón y en lo que los invitados ingresaban y se acomodaban en sus mesas, nosotros nos relajamos y brindamos con una copa de vino.
Llegó el momento de que anunciaron la salida de los esposos, y escuchar que decían nuestros nombres, me puso la piel chinita. Bajamos y agradecimos con palabras que nos acompañaran y que esperabamos que la recepción fuera de su agrado y que se divirtieran lo más que pudieran, pues había sido mucho el esfuerzo de todos por estar ahí. Fue momento de los abrazos y la recepción de regalos.
Entró el saxofonista y disfrutamos de piezas musicales muy románticas a la vez que cenabamos. Realmente la comida estaba exquisita y se veía que la mayoría la disfrutaba igual que nosotros.
Al terminar de cenar, era momento de abrir la pista, y bailamos nuestra canción "El poder de tu Amor" de Ricardo Montaner, fue un momento mágico y nos olvidamos de que todos nos veían y sólo disfrutamos el momento. Al terminar, comenzó a tocar el grupo y todos comenzaron a bailar.
A partir de ahí, todo fue derroche de alegría y sacar los mejores pasos. Había llegado uno de los momentos más esperados por todos, La Víbora de la Mar. Obviamente toda una muralla nos fue a proteger y lo bueno fue que todo transcurrió sin ningún accidente. Para el ramo, preparamos una dinámica con listones; fue una novedad y a mi me encantó la participación de todas además de que se lograban muy buenas fotos.
Después fue turno de que él me quitara la liga y la lanzara junto con la corbata.
Después de eso, toda la noche fue de baile, sorpresas por parte del salón con muchos shows que hacían que todos participaramos, choques de copas celebrando el evento, alegría y agradecimientos.
Si nos volvieran a preguntar si nos gustaría volver a vivir esa experiencia, no dudaríamos en aceptar porque fue uno de los mejores días de nuestras vidas.
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