La boda de Carlos y Irene en Puerto Aventuras, Quintana Roo
En la playa Otoño Rojo
C&I
20 Nov, 2016La crónica de nuestra boda
Ya hace un mes del gran día, 20 de noviembre, y parece que fue ayer cuando aún estabamos con esos nervios y cosquillas en el estómago porque el gran momento, el que llevábamos tantos meses preparando, estaba a punto de llegar.
Decidimos celebrar nuestra boda en Riviera Maya desde el primer momento. No sólo por lo evidente, un lugar paradisíaco, buen clima, buenas playas, hermosos paisajes, buenas energías por todos lados...etc. Sino también por una razón más geográfica: mi ya esposo es de Chihuahua y yo soy de España, por lo que nos pareció el "punto medio Ideal" para que familiares y amigos de ambos pudieran acompañarnos en ese día, ya que está a medio camino (más o menos) de nuestros lugares de origen. Aunque en un principio estábamos muy ilusionados por la elección, no podemos negar que en el transcurso del tiempo nos surgieron dudas debido al gasto que los invitados iban a tener que hacer por nuestra culpa de alguna forma...Evidentemente no todo el mundo podría costearse esas vacaciones obligadas, pero los que tuvieron que estar, estuvieron y con eso, qué más se puede pedir.
Seguir leyendo »Al final, esas vacaciones obligadas se convirtieron en unas vacaciones familiares, incluyendo a los amigos más cercanos, a los que también consideramos familia, que nunca olvidaremos, ni nosotros ni los invitados. Y esa sensación de culpabilidad que nos había surgido antes, se esfumó de inmediato cuando todo el mundo nos fue expresando su gratitud por haberlos hecho formar parte de esa experiencia, en ese lugar paradisiaco y en ese ambiente familiar en el que, aunque mucha de nuestra familia no se había visto antes, parecía que se conocían de toda la vida. Y, como una prima me dijo: "es que cuando alrededor de nosotros se respiran tan buenas energías, es imposible que algo salga mal". Y así fue... todo salió, sin prepararlo, perfecto, en la atmósfera más mágica que pudiera existir, y rodeados de las más bellas personas que pudiéramos haber elegido.
El día antes de la boda tuvimos un Coctel Rompehielos, y la lluvia acechaba con cubrirlo todo a la hora del evento. Confieso que ahí sentí el estrés de ser la novia y tener que empezar a pensar en un temido Plan B; con la cabeza fría tomé la decisión de cambiar la locación del cóctel para que si finalmente llovía, esa lluvia no estropeara el momento... Y de nuevo, ¡todo salió perfecto! A pesar del cambio, todos los invitados disfrutaron muchísimo del cóctel, comieron, bebieron, bailaron y cantaron al ritmo del Mariachi que estaba preparado. Señal de que, otra vez, cuando hay buenas energías alrededor, todo marcha bien. Y a partir de ahí, me relajé.
El día siguiente, fue el gran día: domingo 20 de noviembre, parecía que estaba muy lejos cuando elegimos fecha, pero ya estaba ahí, ya llegó el momento. No faltaron los nervios en la mañana, pero una vez nos subimos al tren de Nuestro Gran Día, todo salió sobre ruedas.
La novia, como es tradición, llegó un poquito tarde, y según confesiones del novio, mi ya esposo, sufrió la espera ante las caras de impaciencia de los demás. Pero llegué, como era de esperar...
A pesar del sol y el calor de Riviera, a las 3.00pm, la gente disfrutó, rió, lloró (de alegría). Nos hicimos fotos en un escenario de ensueño y en la noche, llegó la recepción y cena en uno de los salones del hotel donde todos nos alojábamos, el Hard Rock Riviera Maya, super recomendable.
Por la noche, los nervios dejaron paso a la diversión, bailamos, cantamos, reimos. Lo único malo, fueron las despedidas. Muchos de los invitados de España partían al día siguiente, y tocaba despedirse de ellos. Hacía prácticamente un año que no los veíamos, y apenas habíamos pasado 4 días juntos, pero vaya 4 días especiales e inolvidables. ¡No los cambio por nada!
En definitiva, fue una boda muy especial, no porque sea la nuestra, sino por el hecho de que fue una boda de las que llaman íntima, con no muchos invitados,unos 70 en total, pero perfecta en todos los sentidos. Esto nos permitió no solo disfrutar del día de la boda, sino también de la convivencia cercana con todos los invitados los días antes y después de la misma.
Unos dias inolvidables e irrepetibles, ¡pero que sin duda volvería a repetir una y mil veces!
Espero que nuestra historia ayude a otros novios a decidirse por cualquier opción, y que recuerden, que donde haya buenas energías, todo va a salir bien.
Felicidades a todos los que ya han vivido ese gran día, a los que tomaron la decisión de dar ese gran paso, y a los que están a punto de tomarlo. ¡Disfruten de cada momento, porque pasa volando!!
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