La boda de Arturo y Yanín en Iztapalapa, Ciudad de México
Elegantes Verano Rosa
A&Y
24 Jun, 2017La crónica de nuestra boda
Ese día me levanté a las 5:00 de la mañana. Mis damas, mi prometido, sus best men y yo empezamos a hacer limpieza. Todos estábamos emocionados. Entre la decoración, limpieza y otras cosas, las horas se pasaron volando.
Me peinaron y me maquillaron, todos me preguntaban si estaba nerviosa y la verdad es que no. Por fin llegó la hora de ponerme el kimono y cuando me vi al espejo me cayó el veinte... ¡Estaba a punto de casarme! Ahora sí que me sentía nerviosa. Faltaban 15 minutos para la ceremonia y mi papá fue por mí, ya era hora. Él se encontraba nervioso: ¿qué tengo que hacer? Me preguntó. “Nada papi, sólo caminar conmigo”. Alguien nos llamó, ¡ya es hora!
Al llegar a la entrada del santuario nuestros invitados nos recibieron de pie con aplausos. Mi corazón empezó a latir muy rápido. Cuando vi a mi prometido el tiempo se detuvo y fue como si solo él y yo estuviéramos ahí. Mi papá me entregó, se abrazaron y cuando mi prometido me miró sus ojos estaban llenos de lágrimas. La ceremonia empezó. Todo fue nuevo para mí. Cuando brindamos frente al altar de nuestra fundadora para consagrar nuestro matrimonio sentí una calidez en mi pecho, era ella bendiciéndonos. Cuando llegó el momento de intercambiar anillos me equivoqué de dedo, estaba muy nerviosa. Al terminar la ceremonia cada uno de nuestros invitados se nos acercó para felicitarnos, se sentía una vibra hermosa en el santuario.
Seguir leyendo »Cuando empezó la recepción todos sonreían al vernos, me sentía feliz. Llegó el momento del baile de los novios, fue corto pero bonito. La verdad, somos muy malos bailando, el baile con mi papá fue más emotivo, no pude parar de llorar, me sentía realmente feliz. Ya entrada la noche, mis damas y yo hicimos un baile que teníamos preparado para mi esposo, fue divertido por que los Best Men salieron también a bailar con nosotras ¡con falditas y botargas! Fue súper divertido, mi esposo no dejaba de reír.
El resto de la noche estuvo padrísimo, la batucada estuvo padrísima. Cuando llegó la hora de irse, los invitados se acercaron a nosotros para agradecer la invitación y decirnos que nuestra boda les había encantado, que había sido muy bonita, elegante y fuera de común. Eso me dejó un buen sabor de boca pues nuestro esfuerzo se vio compensado. Sin duda fue de los días más bellos de mi vida.
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