La boda de Alejandro y Angeline en Tlalpan, Ciudad de México
Elegantes Otoño Azul
A&A
07 Oct, 2023La crónica de nuestra boda
Durante meses estuvimos planeando ese día, todo lo que implica (la misa, flores, coro, recepción, comida, música, mi vestido y su traje, etc.) y finalmente llegó el día esperado. Rodeados de familiares que viajaron de diferentes partes de Norteamérica y otros locales, logramos tener un día muy especial ya que muchos de ellos además nos ayudaron a terminar con algunos pendientes que teníamos. El día inició con varias ocupaciones, como el hecho de que llegó Ricardo Romero, mi maquillista y estilista, temprano para tenerme lista a tiempo. También tenía que desayunar algo y dejarle unos detalles de agradecimiento a mis papás antes de casarme e irme de la casa, pero todo fue considerado para llegar a tiempo a la misa. Mi hermano estuvo tomando algunas fotos, como cuando mi mamá me estaba abrochando el vestido, cuando yo iba saliendo de la casa hacia el coche (que de hecho él fue nuestro "chofer", de mi papá y mío, camino a la iglesia, lo cual fue muy bonito, etc. Una vez en la iglesia, la emoción aumentó porque ya había algunos invitados, Alejandro ya estaba por ahí y no me debía de ver así que me quedé en el coche esperando y viendo todo desde ahí; también había unos últimos ajustes que hacer con el coro, el padre y los invitados especiales, etc. Igualmente, nuestros fotógrafos ya estaban ahí, empezando a tomar las fotos y videos para recordar ese día tan especial. Finalmente, llegó el momento de bajarme del coche porque ya iba a empezar la misa. El padre nos formó e insistieron a Alejandro que no volteara para atrás para que no me viera, y entonces inició nuestra procesión solemne (con seminaristas, acólitos y diáconos) hacia el interior de la iglesia y al altar, teniendo como fondo musical y de mayor inspiración el Intermezzo de la opera Cavalleria Rusticana, pero que para mí era el Ave María, ya que tengo la versión cantada con esa oración como letra, y ¡oh! cuál fue la cara de Alejandro cuando me vio, a tal grado que de plano se puso los lentes para poder disfrutar todo detalle de ese momento tan especial. La misa inició, uno de los acólitos nos sorprendió habiéndose puesto previamente de acuerdo con el coro para poder cantar, con acompañamiento musical, el salmo; el padre dio una homilía muy bonita (especialmente conociéndonos bien a Alejandro y a mí) y prosiguió todo el rito del matrimonio: las promesas (besando un crucifijo que actualmente tenemos en nuestro cuarto), intercambio de anillos, arras, etc. siendo mi mejor amiga, y única dama, la encargada de entregar los anillos y mi hermano el encargado de las arras (como yo en su boda). Siguió la misa como cualquier otra, se podría decir, pero con la diferencia de que Alejandro y yo ya estábamos casados y compartíamos esa gran alegría, y la música que escogí que el coro cantara sólo hacía más bonito el momento. Llegamos al Padre Nuestro y, después de éste, es que nos colocaron el lazo, el cual tuvimos puesto hasta el final de la misa, un momento de unión muy especial, todavía más durante la Comunión en donde hasta Alejandro estaba en las nubes por lo bonito que cantaron el canto de Comunión los del coro. Para finalizar, firmamos el acta de matrimonio de la Iglesia, a los pies de la Virgen María, dejándole su ramo de rosas rojas, como agradecimiento del gran amor que nos ha permitido vivir hasta ahora y encomendándole el resto de nuestras vidas, y así es como salimos de la iglesia, con la típica marcha nupcial (no podía faltar jeje), sin aplausos (así lo pedimos por respeto), pero sí llevaron campanitas de sorpresa para tocarlas mientas salíamos de la iglesia.
Seguir leyendo »Y ¡ya estábamos casados! Ahora venía el momento de la celebración y felicitaciones, pero antes... nuestras primeras fotos de casados y nuestro primer beso =D (algo que ni siquiera le habíamos dicho a la fotógrafa, tal que se sorprendió y emocionó mucho, lo cual se vio reflejado en las buenas fotos que capturaron ese momento).
Antes de irnos a la recepción, debido a que teníamos planeado un baile sorpresa, era importante poderlo practicar ya con mi vestido puesto y el traje de Alejandro, así que usamos uno de los salones de la parroquia para esto, en el cual ya nos había dejado ensayar el padre una vez a la semana por el espacio tan similar al de la recepción. De hecho, hasta hace poco vi el video que mi hermano grabó de ese momento y fue muy bonito ya que, aunque los fotógrafos no lo grabaron, sirvió para que supieran cómo era el baile y tener mejores tomas. Y era hora de irnos a la recepción (un poquito tarde por tanto ensayo, ¡pero listos!). Todavía mi hermano manejando, pero ahora con los recién casados atrás, llegamos al jardín/salón. Al fondo se oía la música que el DJ, un amigo, estaba poniendo, basado en el playlist que le mandé, nos tomamos unas últimas fotos y entramos al salón, rodeados de aplausos y más felicitaciones, gente queriendo tomarse fotos con nosotros, e igual nosotros disfrutando de cómo quedó decorado el salón y tratando de absorber cada detalle y momento al máximo.
Antes de comer, hicimos el brindis con vino tinto, pero no cualquier vino, sino vino traído por mí de Caná de Galilea y, junto con el brindis de nuestros papás, mi papá también hizo la bendición de los alimentos (sí, hicimos las cosas un poco diferente, porque finalmente era nuestra boda). Así comimos lo que habíamos escogido (ahora con el bonito fondo musical de un saxofonista que mi mamá contrató), con nuestra solicitud especial de que nos sirvieran un poco menos a nosotros para no estar super llenos y no poder disfrutar el baile, especialmente por las cargadas implicadas, y llegamos al postre (porque nunca me ha gustado que sirvan el postre como 1h después, se sirvió cuando ya todos habían acabado de comer), así que fuimos a partir nuestro pastel, un pastel de Red Velvet al cual le pusieron alrededor de la mesa unos adornos, basados en la idea de un tío, que lamentablemente no pudo acompañarnos a la boda, y una figurita de Precious Moments encima, que nos costó trabajo encontrar, pero valió totalmente la pena la búsqueda y más porque estaba inspirada en mi tía (esposa de ese tío) que siempre me prestaba una figurita de Precious Moments para ponerle a mi pastel de cumpleaños.
Una vez partido el pastel, llegó el momento de sorpresa para muchos: el baile de los novios, pero fue sorpresa porque algunos no sabían que Alejandro bailaba así, y otros ni siquiera sabían que bailaba. Todo salió muy bien, como lo ensayamos, y después seguimos a los bailes con mi papá y él con su mamá. Terminado esto fue que llamaron a todas las mujeres solteras para cachar el ramo (un ramo sencillo pero muy bonito y bien diseñado con rosas color blanco y rosa pastel): primero le llegó el ramo a una mujer casada que estaba sentada, ya que brincó de mano en mano hasta llegar a ella, por lo que tuvimos que repetir el lanzamiento jeje, y después le llegó a una prima (la cual incluso había cachado la servilleta que lancé de broma antes del ramo). Continuamos con la víbora de la mar, pero no con esa canción sino Shout y con eso abrimos la pista para el baile, otro playlist escogido detalladamente para tener una combinación de salsa, swing, bachata, musicales, etc, música que disfrutamos Alejandro y yo, algunas canciones conocidas y otras no, pero que la gente disfrutó justo por no ser comunes en bodas, pero sí ser buenas canciones.
¡Bailamos por horas! Incluso hicimos algo equivalente a Payaso de rodeo pero con otra canción (Footloose), que algunas personas ya habían recibido el video previamente para que medio se aprendieran la coreografía y no sólo Alejandro y yo la bailáramos =P La gente realmente se veía alegre, nos fueron diciendo conforme pasaron los días que disfrutaron mucho y que en gran parte fue porque Alejandro y yo transmitíamos mucha alegría al bailar, y eso contagió a la gente
Y así es como llegamos a la despedida, que aparentemente no habíamos pensado en la canción de salida, pero rápido escogimos Alejandro y yo una que nos gustaba y con eso nos fuimos, mientras la gente (igual de sorpresa) nos aventaban pétalos de rosas y nos gritaban sus mejores deseos.
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