Foto por Juan Luis


  • Eclesiastés 4:9-12

Dos son mejores que uno, porque ellos tienen un buen retorno para su duro trabajo.  Por que si ellos fallan, uno podrá levantar a su compañero; pero pobre del que esté solo cuando el caiga y no tenga otro que lo empuje hacia arriba. Otra vez , si dos descansan juntos, ellos tendrán calor;pero ¿cómo puede uno tener calor solo?   Y sin embargo un hombre puede prevalecer contra uno que esté solo, dos lo resistirán.

  • Colosenses 3:12-14

Asuman entonces, como elegidos por Dios, santo y bienamado, compasivos, amables, humildes, modestos, y pacientes, sean indulgentes uno con el otro y, si uno ha tenido quejas contra el otro, perdónense mutuamente; como el Señor los ha perdonado a Uds., así Uds. deben perdonar. Y por encima de todo pongan el amor, que sujeta todas las cosas juntas en perfecta armonía.

  •  1 Corintios 13:4-8a

Amor es paciencia y amabilidad; amor no es ser celoso o jactancioso; no es ser arrogante o rudo.

Amor es no insistir en nuestro propio camino; es no ser irritable o resentido; es no disfrutar de los errores, pero disfrutar de lo correcto.
Amor es aguantar todas las cosas, creer todas las cosas, esperar todas las cosas, soportar todas las cosas.
El amor nunca termina.

  • Efesios

Sometánse Uds. uno al otro con temor divino. Esposas, muestren reverencia por su propio marido, como lo hacen con el Señor. Por que el esposo que es la cabeza de la esposa, así como Cristo es la cabeza de la Iglesia y El es el salvador del cuerpo. Así como la iglesia está sujeta a Cristo, así deben hacerlo las esposas con sus propios maridos en todas las cosas.

Esposos, amen a sus esposas, así como Cristo ama a la Iglesia, y se dió a si mismo por ella; que El pueda santificar y purificarse con el lavado de agua por la palabra; que El pueda presentar a si mismo una gloriosa iglesia, sin tener mancha, o arrugas o cualquier otra cosa; pero debiera ser santo y sin mancha. Así que es el deber del hombre amar a su esposa como a su propio cuerpo; El que ama a su esposa se ama a si mismo.

A causa de que todavía el hombre no siempre odia su propia carne; pero la alimenta y la valora, así como el Señor a la iglesia. A causa de que nosotros somos miembros de su cuerpo, de su carne, y de sus huesos. Por esta causa deberá el hombre abandonar a su padre y a su madre, y deberá unirse a su esposa, y los dos se convertirán en uno. Ese misterio es tan profundo y yo digo esto como referencia a Cristo y la Iglesia; sin embargo, dejar que el esposo ame a su esposa como a si mismo, y dejar que la esposa se mire a si misma respecto de su esposo.

 


  • Génesis 2:28-24

El Señor Dios dijo: “No es bueno que el hombre esté solo. Yo haré una compañía adecuada para él.” Así el Señor Dios formó de la tierra varios animales salvajes y varios pájaros del aire, y los llevó al hombre para ver como él los llamaría; Sin embargo el hombre llamó a cada uno de ellos como serían sus nombres. El hombre le dió nombre a todo el ganado, a todos los pájaros del aire, y a todos los animales salvajes; pero ninguno probó ser un compañero adecuado para el hombre.

Así que el Señor Dios provocó un profundo sueño al hombre, y mientras él estuvo dormido, El saco una de sus costilllas y selló el lugar con carne. El Señor Dios construyó entonces una mujer con la costilla que había tomado del hombre. Cuando El se la llevó al hombre, el hombre dijo:

“Esta, al fin, es huesos de mis huesos
y carne de mi carne;
Esta será llamada ‘mujer,’
Por fuera de 'su hombre' esta ha de ser tomada.”

Esto es porque un hombre deja a su padre y a su madre y se aferra a su esposa, y los dos se volverán un solo cuerpo.

 

 

  • Lectura del Cantar de los Cantares (Ct 2,8-10.14.16a;8,6-7ª)

La voz de mi Amado. Mirad: ya viene, saltando por los montes, brincando por las colinas; mi Amado es una gacela, es como un cervatillo. Mirad: se ha parado detrás de mi tapia; atisba por las ventanas, observa por las rejas.

Mi Amado me habla así: «Levántate, Amada mía, hermosa mía, ven a mi. Paloma mía que anidas en los huecos de la pena, en las grietas del barranco, déjame con tu figura». Mi amado es para mi y yo para él. Ponme como sello sobre tu corazón como un sello en tu brazo. Porque el amor es fuerte como la muerte; el celo, obstinado como el infierno. Sus saetas son saetas de fuego. Las grandes aguas no pueden apagar el amor ni los ríos arrastrarlo.

  • Lectura de la carta del apóstol S. Pablo a los Corintios

Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo caridad, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe.

Aunque tuviera el don de profecía, y conociera todos los misterios y toda la ciencia; aunque tuviera plenitud de fe como para trasladar montañas, si no tengo caridad, nada soy.

Aunque repartiera todos mis bienes, y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo caridad, nada me aprovecha.

La caridad es paciente, es servicial; la caridad no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engríe; es decorosa; no busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal; no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad.

Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta. La caridad no acaba nunca.

Desaparecerán las profecías. Cesarán las lenguas. Desaparecerá la ciencia.

Porque parcial es nuestra ciencia y parcial nuestra profecía. Cuando vendrá lo perfecto, desaparecerá lo parcial. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño. Al hacerme hombre, dejé todas las cosas de niño. Ahora vemos en un espejo, en enigma. Entonces veremos cara a cara.

Ahora conozco de un modo parcial, pero entonces conoceré como soy conocido. Ahora subsisten la fe, la esperanza y la caridad, estas tres. Pero la mayor de todas ellas es la caridad.

 

 

  • San Marcos 10:6-9

Desde el principio de la creación Dios los hizo a ellos masculino y femenino. Por esa causa un hombre dejará a su padre y a su madre, y se emparentará con su esposa; y ellos serán una carne: entonces ellos no serán más dos, sino una carne. En consecuencia, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.

  • La Biblia de Jerusalem, Canción de canciones 2:8-10, 14, 16a; 8:6-7a

Para amar hay que ser fuerte como la muerte.

Yo escucho a mi amado. Vean como el viene
brincando sobre las montañas,
saltando sobre las colinas.
Mi amado es como una gacela,
como un joven venado.

Vea donde el se para detrás de nuestras paredes.
El mira dentro por la ventana,
el entorna los ojos a través de la celosía.

Mi amado eleva su voz, y me dice,
"Ven entonces, mi amor,
mi adorada, ven.

"Mi paloma, escondida en la grieta de la roca,
en el abrigo del barranco,
me muestra su cara,
me deja escuchar su voz;
porque su voz es dulce
y su cara hermosa."

Mi amado es mio y yo de él.
El me ha dicho:
'Ponme como un sello sobre tu corazón,
Para amar hay que ser fuerte como la muerte,
celosamente implacable como Saúl.
El destello de esto es un destello de abeto,
una flama del mismo Señor.'

El amor que no inunda puede extinguirse,
sin torrentes. 

 

 

  • Lectura del libro del Sirácide (Eclesiástico) 26, 1-4.13-16

Dichoso el marido de una mujer buena; se doblarán los años de su vida.  La mujer hacendosa hace prosperar al marido; Él cumplirá sus días en paz. El encanto de la mujer alegra a su esposo, y si es sensata, lo hace prosperar. Una mujer discreta es un regalo del Señor; una persona educada no tiene precio. Una mujer modesta es el mayor encanto; nada vale tanto como una mujer reservada. Como el sol que brilla en lo alto del cielo, así es la mujer hermosa en un hogar bien cuidado.

Palabra de Dios.